lunes, 24 de septiembre de 2012
Pisando hojas
Llegó el otoño, al fin, tanto lo esperé, con sus vientos fríos y sus atardeceres rosas, como de algodón de azúcar. Cada año espero el otoño, con la ansiedad de alguien que perece lentamente con los calores del verano, eso del sol ardiente y la euforia por un bronceado perfecto no es lo mío, a mí me gusta llegar a casa, hacer café, y acurrucarme a leer frente al calor de la leña, que huele tan bien. Lo que más me gusta del otoño, es ir por las calles pisando las hojas secas, el sonido que hacen al romperse, no sé porque, pero lo disfruto tanto, saltando de una a otra, de distintos colores, las grandes, las pequeñas, el camino siempre es más corto en otoño. Ahora que lo pienso, hace mucho que perdí la costumbre de caminar, antes iba caminando casi a todos lados, pisando hojas, ahora el coche se ha vuelto algo casi obligado, que no recuerdo la última vez que salí a caminar, en realidad no recuerdo la última vez de casi nada de lo que me gustaba, de un tiempo acá mis días se han vuelto ¿Cómo decirlo? "robotizados"... Estoy quizá en esa edad en que la gente deja lo que le gusta hacer, por lo que debe hacer, ahora siempre voy de prisa, siempre tengo cosas pendientes, siempre algo por hacer. Quiero volver a hacer lo que me gustaba, tomarme aunque sea unos minutos, para hacer lo que antes me ocupaba las tardes enteras, como esos días en que me llevaba mi libro, mis cigarros y mi chal, y me pasaba horas recostada en los jardines de la Facultad de Filosofía, hasta que se me iba el sol, entonces me quitaba los zapatos y caminaba descalza por el pasto, fumando, y pensando no sé que tanto... ¡O esos días en el mercado! Que iba por los pasillos oliendo las frutas, escogiendo ingredientes, escuchando en cada puesto el "pásele güerita ¿Cuánto le ponemos?" el agua de horchata al terminar, y entonces, a cocinar, ahí si que me puedo pasar no solo las tardes sino los días enteros, con los aromas, las texturas, el fuego, saboreando y probando cada cosa, ese es mi Nirvana, como Tita, que nació y creció rodeada por los aromas de una cocina. Este otoño quiero recuperar mis tardes, quiero ir al mercado, quiero cocinar durante horas, quiero salir a caminar pisando las hojas secas.
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